PARA LOS QUE DISFRUTAN SER SODOMIZADOS Y PONERLE MUCHO LIMÓN: HASTA QUE NUESTROS BIOPOLÍMEROS SE RENUEVEN. Un poco de relato, ensayo y poesía. Pero también de arrebatos sobre aquellos talentos de la música y el arte visual que vale la pena visitar.
martes, diciembre 07, 2010
jueves, diciembre 02, 2010
Para ponernos cursis, cursis y soltar la lágrima
I'm a Fool To Want You
Frank Sinatra
I'm a fool to want you
I'm a fool to want you
To want a love that can't be true
A love that's there for others too
I'm a fool to hold you
Such a fool to hold you
To seek a kiss not mine alone
To share a kiss that devil has known
Time and time again
I said I'd leave you
Time and time again I went away
But then would come the time
When I would need you
And once again these words I had to say
Take me back, I love you
I need you
I know it's wrong, it must be wrong
But right or wrong
I can't get along
Without you
martes, noviembre 23, 2010
Fragmentos de Trop se taire la nuit de Jacques Serena
domingo, noviembre 07, 2010
Sun in the sky you know how I feel
Breeze driftin' on by you know how I feel
It's a new dawn
It's a new day
It's a new life
For me
And I'm feeling good
Fish in the sea you know how I feel
River running free you know how I feel
Blossom on the tree you know how I feel
Dragonfly out in the sun you know what I mean, don't you know
Butterflies all havin' fun you know what I mean
Sleep in peace when day is done
That's what I mean
And this old world is a new world
And a bold world
For me
Stars when you shine you know how I feel
Scent of the pine you know how I feel
Oh freedom is mine
And I know how I feel
viernes, noviembre 05, 2010
sábado, octubre 30, 2010
Don't Think Twice, It's All Right
It ain’t no use to sit and wonder why, babe
It don’t matter, anyhow
An’ it ain’t no use to sit and wonder why, babe
If you don’t know by now
When your rooster crows at the break of dawn
Look out your window and I’ll be gone
You’re the reason I’m trav’lin’ on
Don’t think twice, it’s all right
It ain’t no use in turnin’ on your light, babe
That light I never knowed
An’ it ain’t no use in turnin’ on your light, babe
I’m on the dark side of the road
Still I wish there was somethin’ you would do or say
To try and make me change my mind and stay
We never did too much talkin’ anyway
So don’t think twice, it’s all right
It ain’t no use in callin’ out my name, gal
Like you never did before
It ain’t no use in callin’ out my name, gal
I can’t hear you anymore
I’m a-thinkin’ and a-wond’rin’ all the way down the road
I once loved a woman, a child I’m told
I give her my heart but she wanted my soul
But don’t think twice, it’s all right
I’m walkin’ down that long, lonesome road, babe
Where I’m bound, I can’t tell
But goodbye’s too good a word, gal
So I’ll just say fare thee well
I ain’t sayin’ you treated me unkind
You could have done better but I don’t mind
You just kinda wasted my precious time
But don’t think twice, it’s all right
Copyright © 1963 by Warner Bros. Inc.; renewed 1991 by Special Rider Music
jueves, octubre 28, 2010
seré polvo desértico quieto esperando la ira del monzón,
seré roca fragmentada resignada a la erosión constante,
seré un puñado de materia fina: para que ante cualquier cambio atmosférico tan sólo
tengamos que abrir la palma de la mano y permitirme partir
domingo, octubre 17, 2010
miércoles, octubre 06, 2010
quiero un ramo de flores, sin olor alguno, tan sólo de formas y colores distintos para ponerlas frente a mi cama y cada día, al despertar, mirarlas florecer hasta su muerte.
quiero un mundo de silencios, donde tan sólo quede la palabra ante la hoja en blanco y así podamos escondernos de lo no dicho y que a penas está por ser escrito.
miércoles, septiembre 29, 2010
La mujer del mercader del río: una carta de Ezra Pound
Cuando yo todavía llevaba el pelo cortado sobre la frente
jugaba en el portal delantero, recogiendo flores.
Tú viniste con zancos de madera jugando a los caballos,
caminaste junto a mi asiento, jugando con ciruelas azules
y seguimos viviendo en el pueblo de Chokan:
dos niños, sin aversión ni sospecha.
Con catorce años me casé con vos, mi señor.
Nunca me reía porque era tímida.
Bajaba la cabeza y miraba a la pared.
Aunque me llamaran mil veces, nunca volvía la cabeza.
Con quince años dejé de fruncir el ceño,
deseaba que mi polvo se mezclara con el tuyo
para siempre y para siempre y para siempre.
¿Para qué seguir vigilando?
Te fuiste cuando yo tenía dieciseis años,
te fuiste a la lejana Ku-to-yen, junto al río de los remolinos,
y has estado fuera cinco meses.
Los monos hacen un ruido muy triste por ahí arriba.
Cuando te fuiste arrastrabas los pies.
En el portal ahora ha crecido el musgo, musgos
distintos,
¡demasiado profundos para limpiarlos!
Los hojas caen pronto este otoño, por culpa del viento.
Las mariposas emparejadas ya amarillean en el agosto
sobre la hierba del jardín del oeste;
me duelen. Me hago vieja.
Si has de venir por los vados del río Kiang,
por favor, házmelo saber de antemano
y yo saldré a recibirte,
iré hasta Cho-fu-sa.
Por Rihaku
Versión de Javier Calvo
domingo, septiembre 26, 2010
miércoles, septiembre 22, 2010
sábado, septiembre 11, 2010
Soluciones posibles
Me inventaré un sueño, un sueño en el que yo sea una otra sin nombre, una olvidada de mí misma. En la que las hebras perdidas, la soga y el tren sean los únicos recuerdos tibios.
Seré otra hasta que la tela rasgada se reconstruya y ninguna otra palabra pueda romperla.
lunes, marzo 01, 2010
Durante la FIL de Minería
Cuando el "autolvido" nos alcanza
“Hablar de mi poesía / sería un autolvido apropiador, como decía Kirkegaard”
Gelman, “Notas al pie”, Líneas de fuga, un libro posible
Como siempre, en la ruleta de las fatalidades las personas que “voluntariamente” decidimos, sea desde temprano o un poco más avanzados los años cuando la demencia ya comienza a alcanzarnos, dedicarnos a algo relacionado con los libros, estamos destinados al “autolvido”. Será porque la ya mencionada demencia que nos llevó a escoger este oficio, termina convirtiéndose en un Alzheimer desdeñoso con el firme designio de olvidar nuestras propias vidas a favor del rescate de la memoria del otro, o mejor dicho, de los otros.
Pasamos meses planeando, corrigiendo, revisando, afinando, modificando y nos adentramos en un dédalo del cual no encontramos la salida, pero no tal vez porque desconozcamos el camino hacia ella, sino porque a veces pensamos que aún queda algún rincón inexplorado de ese laberinto llamado libro que valga la pena conocer y que pueda esconder misterios no develados y preferimos retardar el escape. Porque sabemos que los Minotauros y monstruos no están realmente dentro del universo literario, sino allá afuera en la vida cotidiana que nos espera al terminar, y que suspendimos por un momento. En esa vida que se resume en conducir el auto, ir al supermercado y cepillarse el cabello. En esa vida a veces es tan monstruosamente insípida si se compara con los relatos que encierra cada uno de los libros.
De ahí que no demos lucha alguna al Alzheimer, que lo dejemos apoderarse de nuestra memoria sin agotarla, en una insignificante batalla que irremediable y juiciosamente termina por perder, hasta el límite de obligarnos a olvidar nuestros nombres. Porque quién quiere llamarse “Juan López”, cuando puede ser, aunque sea por unas horas: Aben Tumart; Chaktur, el hojalatero; el estudiante del Lycée du Havre, Mehrdâd; Pedro I, el zar de Rusia; y vivir las aventuras de un delincuente del Maghreb con espíritus robinhoodianos mientras escucha al fondo el canto de los dakoïgue y recuerda que “los peces mueren con los ojos abiertos”.
Así, estas tres publicaciones que ahora presentamos: Líneas de fuga, un libro posible, Ciudad de México, ciudad solidaria, capital de asilos y el número 27 de la revista Líneas de fuga, reúnen porciones de muchos otros: de diversos mundos, diversos autores y diversas comunidades, para así preservar sus historias y admitir que el autolvidarse significa ante todo recordarse, alejarse del mundo concreto, mundano y abstraerse en esas historias de apariencia y de universos ajenos, pero que en realidad no son otras más que páginas de las nuestras. Ya que cada libro, funciona como una especie de álbum familiar. Un álbum en el que reaparecerán nuestros ancestros (imaginarios o reales), aquellos que nos ayudaron a conformar nuestra historia no solamente como individuos, sino también como colectividad.
Y finalmente cuando recibimos las cajas repletas de ejemplares de una nueva publicación que ayudamos a nacer y más aún cuando como lectores, abrimos la primera página de estos libros, sabemos que cada uno de los textos no habla sino de nuestros propios fantasmas que tal vez ya conocíamos, pero que no nos atrevíamos a mirar. Estaremos conscientes de que a pesar de haber pasado semanas de desvelos y de fechas límite que siempre parecen llegar antes, nuestra labor consiste en ser memoria, sí de los otros y de nosotros, memoria universal. En resumidas cuentas, nuestra labor como oficiantes del libro; y más importante aún, la de todos como lectores, consiste en preservar la Historia (con H mayúscula), que como bien se sabe, está conformada por relatos, y por lo tanto, de cierta forma de literatura. Porque como siempre, en la ruleta de las fatalidades las personas que “voluntariamente” que por decisión propia, olvidamos apagar la estufa, pagar el teléfono, cortarnos el cabello, sin darle lucha al Alzheimer, creemos (o al menos, a mí me gusta creer eso) que nuestro destino es perpetuar una porción o algunos restos del “ser humano”.

